Con la nafta súper al borde de quebrar la barrera psicológica de los $2.000, el Gobierno Nacional comenzó a ejecutar una serie de medidas de emergencia para intentar contener el impacto del crudo internacional en los surtidores locales.
A través de la Resolución 79/2026 de la Secretaría de Energía, se habilitó a las empresas refinadoras a elevar de forma voluntaria el corte de bioetanol en las naftas hasta un máximo del 15%, superando el 12% que rige como obligación actual. Esta flexibilización técnica, que incluyó un ajuste en los niveles de oxígeno permitidos en la mezcla, busca otorgar a las petroleras mayor margen de maniobra para reducir la participación de los combustibles derivados del petróleo, cuyo costo se ha disparado recientemente debido a la inestabilidad bélica en Medio Oriente.
De manera complementaria, el Ejecutivo decidió postergar la actualización de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono que debía aplicarse en abril, una herramienta fiscal que se utiliza para evitar que la carga impositiva termine de asfixiar el bolsillo de los consumidores en un mes de alta volatilidad.
Según los registros de estaciones de servicio testigo, el precio de la nafta súper ya acumula una suba cercana al 18% en lo que va de marzo, lo que representa un incremento de unos $300 por litro. Mientras la versión premium ya superó los $2.000 hace dos semanas en la Ciudad de Buenos Aires, la versión de menor octanaje quedó a un paso de esa cifra, lo que obligó a las autoridades a buscar paliativos inmediatos.
La normativa aclara que este cambio en el corte con etanol no es una exigencia impositiva para todas las firmas, sino una opción para aquellas que consideren conveniente modificar su esquema de producción aprovechando la disponibilidad de biocombustibles como el maíz. Al no introducir cambios en el régimen del biodiesel, que ya cuenta con márgenes de mezcla más amplios, el foco oficial queda puesto exclusivamente en las naftas.
Con estas disposiciones, el Gobierno intenta equilibrar las cuentas del sector energético y las proyecciones de las empresas con la realidad de una inflación que no da tregua en el sector de transporte y logística.





