Lo que debía ser una solución esperada durante meses se transformó, para los frentistas de la calle 11 (Guayaquil) entre 156 y 157, en un nuevo dolor de cabeza.
Las imágenes que circulan entre los damnificados son elocuentes y exponen un trabajo que, a simple vista, parece haber sido abandonado a mitad de camino, como varias obras de Berisso.
Baldosas arrancadas, escombros acumulados sobre el frente de las viviendas y, quizás lo más grave, la desaparición de los cordones cuneta. El nuevo asfalto parece «morir» directamente sobre la tierra y los restos de concreto, dejando una terminación precaria que ya genera acumulación de agua y dificultades para el tránsito peatonal.
«Asfalto sin cordón», resumió con indignación una de las vecinas que alzó la voz para visibilizar el estado en que quedó la cuadra. Según el testimonio de los frentistas, la cuadrilla no solo retiró los cordones originales, sino que en el proceso se rompieron sectores de veredas particulares y canteros que los propios dueños mantenían con esfuerzo.
La incertidumbre reina en el barrio. La pregunta que se repite entre los habitantes de la zona de Guayaquil es si existe una planificación para una etapa final de reparaciones o si, por el contrario, la gestión considera que el trabajo ya está concluido.
«Necesitamos saber cuándo se va a finalizar correctamente el trabajo, dejando la calle y los frentes en condiciones», reclaman.
Hoy, la postal de la calle 11 es la de un terreno arrasado. La falta de terminaciones no solo es una cuestión estética, sino un peligro latente para los peatones y una degradación del patrimonio de los vecinos, quienes pasaron de celebrar la llegada de las máquinas a padecer las secuelas de una ejecución negligente.





